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Pareciera
que todos/as, registramos como la iniciación el momento
de la primera experiencia sexual con un otro, referido al
coito, creo que es un importante momento de intercambio afectivo,
que puede resultar placentero o no, pero que todas las personas,
hombres y mujeres recuerdan, generalmente vinculado con fantasías,
de ternura, de entrega y promesas de amor eterno.
Es la primera vez además que te entregas a otro sin
ropas, o ligero de ropas, o medio desvestido, impensable situación
en los juegos infantiles, en que las ropas sobran, o que no
se identifica exactamente de que sexo es el otro si está
desvestido, curiosa realidad, la desnudez al parecer es la
dificultad más recurrente en la primera experiencia
sexual, con otro, ahí el pudor aprendido, la vergüenza
del cuerpo desnudo prima en la imagen de ese instante.
Trataré de esbozar lo que en diferentes testimonios
se registra como la iniciación sexual, como hombres
y mujeres temen al desnudo, al ridículo, en la que
prima la pasión y que casi al instante se rompe el
hechizo, el apuro, el dolor, el temor, la rabia, el descontrol,
no hay nada peor que un amor encandilado por el deseo, por
el apuro por terminar y buscar y lanzarse detrás de
algo que no sabes muy bien, que has imaginado, venerado, idolatrado,
y deseado, casi siempre con la ilusión de que va a
ser mágico, cuán equivocados estamos, en esos
instantes, ni hay amor eterno, ni es mágico, se torna
latero y aburrido, e igual con el transcurso de los años,
y lo que es peor, muchas veces se finge para quedar bien,
o para no formar una discusión insulsa, o simplemente
porque ya no es como antes.
Si supiéramos desde antes que es beneficioso construir
la relación erótica, que hay que cultivar el
desnudo y los sentidos, que es imprescindible calmarse, vivirlo,
saborearlo, entregando y recibiendo afecto, que así
es más saludable, más verdadero, que es más
perdurable y más doloroso cuando se termina, o cuando
por razones a veces inexplicables, porque uno no escoge de
quién se enamora, se comparte también el cuerpo
del otro\a, que dolor se siente cuando se sabe que también
hay otro/a, que comparte, que vive, que disfruta, en fin,
siempre ha sido una incógnita, que es lo que duele
y porqué ?
Ya me fui al duelo y ni siquiera les he empezado a narrar, las
historias que he ido recogiendo y llevando en mi pecho y en
mi cuerpo, en mi espalda y a veces en mi guata, cuando digo
que se me dio vuelta la tripa con la historia, la vivo como
si fuera mía y se me nubla la vista, y me zumban los
oídos, y respiro hondo y entrego con mucha calma las
orientaciones que creo oportunas, a veces no ciertas para las
personas que les duelen, pero con sentido común y con
mucho cariño.
MARCO TESTIMONIAL.
Mujer de 47 años.
“No recuerdo bien pero debo haber tenido unos siete
u ocho años, Alberto era un niño precioso que
cuidaba a mis abuelos, lo habían traído del
campo, para vivir con ellos, cada noche yo encontraba una
excusa para ir a la cocina donde él pernoctaba, y ahí
nos enredábamos en un enjambre de besos de coqueteos
de sabores, nos revolcábamos en la despensa con olores
a frutos secos, mermeladas, y mieles, ahí jugábamos
a ser grandes, no se cual era la fantasía, sólo
recuerdo su tibio abdomen calientito y su pequeño miembro,
que me rozaba los muslos, las entrepiernas, y la miel corría
por todas partes, terminábamos cansados y entretenidos,
creo que nunca pensamos que lo que hacíamos era malo,
o pecado, solo sabíamos que era un secreto nuestro
que compartirlo hubiera sido castigado, nunca más he
sabido de él, pero me despertó la sensualidad
y lo recuerdo siempre como la iniciación, aunque nunca
nos desvestimos, ni nos penetramos, éramos sólo
niños que disfrutábamos del sabor del cuerpo,
desde entonces aprendí a guardar secretos de amor.”
Hombre 36 años.
“No sabía como se besaba y yo quería aprender,
entonces tenía una prima que era de mi edad, y me enseñaba
en mis brazos, era tan rico cuando me enseñaba, ella
ponía todo su empeño y yo me entrenaba con las
niñas del barrio, después le contaba a ella
mis experiencias, nos reíamos mucho, hoy me gustaría
compartir con mi mujer esos momentos de intimidad, de ternura,
de entrega, quizás en eso está el verdadero
amor, en compartir cosas simples, y yo que pensaba y creía
que era para siempre, nunca sentí tanto dolor, cuando
supe que ella, el amor de mi vida me había traicionado,
y tan feo, siempre recuerdo que fue la primera mujer a la
que le hice el amor, y ese mismo día se embarazó
yo era muy feliz, ahora recuerdo esa primera vez, y me doy
cuenta que nunca más volvió a ser igual”
Mujer de 90 años.
“Me persiguió durante tres o más años,
esperó que yo tuviera 16 años, él tenía
33 y me fue a buscar a la casa de mis padres, yo me escondía
porque le tenía miedo, era tan lindo, tan apuesto,
todos/as, lo miraban, no sabía bien lo que pretendía,
solo supe que era para casarse cuando el se fue y mi padre
me informó que me casaría en meses, yo lloraba,
no sabía porqué, me buscó un día
y con muchos caballos y peones empezamos una travesía
hasta su casa, se demoró meses en conquistarme, nunca
me forzó a nada, hasta que un día como un pajarito
estaba atrapada en sus brazos, era tan tierno, solo quería
que estuviera a su lado, tejiendo, bordando, con un hijo en
las entrañas siempre, tuvimos 11, nunca supe que los
treinta años que vivimos juntos iban a pasar tan rápido,
y que yo me quedaría tan joven penando por sus caricias,
desde el primer día hasta el último fue igual,
creo que él me enseñó todo, pero sobre
todo me enseñó que el amor verdadero es lo de
todos los días, lo cotidiano, los hijos, entregarle
cada día mi tiempo, estar siempre a su lado, y acariciarlo,
siento que nos faltó tiempo para estar juntos”.
Me quedé muy sola,.... cada hijo/a tomó su rumbo
y su vida, por cada uno de ellos/as sigo viviendo y sintiendo,
sus amores, sus dolores, sus ausencias, sus penas, sus alegrías,
y así se me ha hecho grande una familia, con muchos
hijos, nietos, bisnietos, tataranietos, supongo que hasta
aquí llegaré, y quiero contarle mi niñita,
que he sido feliz, pero que me quedé sola muy pronto,
mi viejito me ha hecho mucha falta”
Hombre de 23 años.
Era un día de vacaciones de invierno, no sé
por qué razón estábamos en el colegio,
en una sala de clases conversando con varios amigos y amigas,
en realidad yo era mucho más chico que los demás,
y como siempre mandan al más chico, me mandaron a comprar
una cerveza, una de las niñas que estaba ahí
me dijo que ella me acompañaba, yo tenía 13
años, ella 17, caminamos por un pasillo largo, que
daba a una escalera, de repente me tomó, me abrazó
muy fuerte, me besó hasta el ahogo, y me metió
en unos bancos que habían debajo de la escalera, y
me inició, no supe como ni porqué, me gustó
mucho, el placer fue muy rápido, se pasó muy
luego, fue como una estrella fugaz que se te escapa de la
vista, como cuando capturas un pez entre los dedos y se te
escapa, nunca he podido superar terminar tan rápido,
no sé, si es porque me gustan muchos las mujeres y
me desespero, o que no he madurado lo necesario, no sé,
no sé que hacer....
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